Tokyo Fiancée 2014, pelicula, sinopsis, critica, opinion, resumen, Taichi Inoue

Tokyo Fiancée 2014, pelicula, sinopsis, critica, opinion, resumen, Taichi Inoue.
El filme Tokyo Fiancée del año 2014, fue una película vista en un fin de semana y que reiteró mis puntos de vista sobre la vida como una búsqueda de sentido, de coincidencias, de soledades curiosas, de almas perplejas buscando un ritmo, una sincronía, una señal, algo no tan difuso.

Una atractiva mujer belga que quiere ser japonesa (más allá de haber nacido allí y haber vivido unos años de su infancia en dicho país), regresa al territorio Nipón con 20 años, coloca un aviso para dar clases de francés y un único cliente decide tomar sus tutorías en lengua francesa.

Ella, Amélie ( Pauline Étienne ); él, Rinri ( Taichi Inoue ), van aprendiendo mutuamente las singularidades de la lengua nativa de cada quien. Comparten espacios y terminan juntos (destaco que no digo enamorados, solo juntos, como la complicidad del día a día conduce a un beso, a un acto de intimidad y a buscar compañía). 
Él cree estar enamorado de ella y se atreve inclusive a proponerle matrimonio, ella, que está acostumbrada a él, que lo necesita pero que no experimenta explosiones de pasión, se escabulle, asumiendo que se van a comprometer, que después ya verían. Sucede un terremoto donde más allá del hecho físico en sí, ella se siente marginada (a lo largo del filme lo ha sentido, le cuesta captar todos los significados y variaciones tanto del idioma como de las costumbres, se siente Gaijin, excluida, excluida si se prefiere) de manera abrumadora y, por petición de él, se marcha del país. Sabemos al final que Rinri contrae  nupcias con una francesa hija de un general y que el compromiso eterno fue demasiado finito, breve, fugaz.

Cierra la película con una cita de la autora de la novela (Ni d'Ève ni d'Adam) que dio origen a la cinta, la escritora belga, Amélie Nothomb: Todo lo que uno ama se vuelve ficción.
Se dice que es un buen manual sobre cómo el lenguaje refleja la cultura. ¿Qué tanto podemos saber de nosotros mismos con personas de otras culturas? ¿Acaso descubrimos que es el lenguaje el progenitor del amor?

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